1️⃣ Dios le dice a Abrán: «Sal de tu tierra». La fe empieza con un desinstalarse. No es cómodo. Pero es fecundo. Abrán no entiende todo. Simplemente se fía. Y “Abrán marchó, como le había dicho el Señor”. Así comienza la historia de la salvación.
2️⃣ También a nosotros se nos ha hecho una llamada. “Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia” (2 Tim 1,9). Primero es la gracia. Siempre. No somos nosotros los que sostenemos la vida cristiana; es Dios quien nos sostiene.
3️⃣ En el Tabor, Jesús deja ver su gloria. “Su rostro resplandecía como el sol”. El mismo que caminará hacia la cruz. La Transfiguración no elimina el sufrimiento. Lo ilumina. Nos recuerda que la última palabra no la tiene la muerte, sino la vida.
4️⃣ Aparecen Moisés y Elías. La Ley y los Profetas. Todo el Antiguo Testamento converge en Cristo. Él es el cumplimiento. Por eso la voz del Padre no dice: “escuchadlos a todos por igual”, sino: “Este es mi Hijo… escuchadlo”.
5️⃣ Pedro quiere hacer tres tiendas. Quiere quedarse. Es humano. Cuando algo nos consuela, querríamos detener el tiempo. Pero la vida cristiana no es instalarse en la emoción. Es bajar del monte y seguir a Cristo en lo concreto.
6️⃣ Los discípulos caen de bruces, llenos de espanto. Y Jesús los toca: “Levantaos, no temáis”. Esa es la pedagogía de Dios. Primero revela su grandeza. Luego nos toca con ternura. Y nos pone en pie.
7️⃣ Al final, “no vieron a nadie más que a Jesús, solo”. Esta frase es oro puro. En medio de la confusión, de las voces, de las ideologías, de los miedos… el cristiano aprende a quedarse con Jesús solo.
8️⃣ La Cuaresma es subir al monte para aprender a escuchar. Y bajar después, con el corazón transfigurado, para vivir como bendición en medio del mundo, como fue Abrán.
Que su misericordia venga sobre nosotros, como lo esperamos de Él.