Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

viernes, 4 de agosto de 2017

REFLEXIONES SOBRE ALGUNOS MENSAJES



Mons. Ottavio Michelini
10 de enero de 1976

Nuestra participación, como ministros de Dios en el Misterio de la Encarnación, de la Cruz y de la Eucaristía tiene puntos de gran semejanza con la participación de la Virgen Santísima en estos tres grandes Misterios.

Como la Santa Virgen, así el sacerdote es llamado por vocación a estar activamente presente en el Sacrificio de la Santa Misa, perpetuación del Santo Sacrificio de la Cruz.

Está presente en unión con Cristo en el ofrecimiento de sí mismo; está listo para aceptar, sufrir y ofrecer dificultades e incomprensiones, insultos y ofensas, el sufrimiento en general como Jesús ha hecho. Sin este ofrecimiento, la participación del Sacerdote resulta tan sólo exterior, material y por lo tanto infecunda.

El sacerdote, con las palabras de la Consagración, renueva el prodigio de la Encarnación: provoca, como la Virgen con su Fiat (Hágase), la real Encarnación del Verbo en sus manos.
Amándolo, como María lo ha amado en su seno, recibiéndolo en la Santa Comunión con la pureza de alma y de cuerpo con la que la Virgen lo concibió, con el ofrecimiento hecho en unión con Jesús al Padre, el Sacerdote se vuelve, como la Virgen, verdaderamente corredentor.

Si el sacerdote celebrante no está animado por esta fe y por estos sentimientos y propósitos, su Misa es estéril para él; no ha sido más que un protagonista material del más grande Misterio.

¡No esperéis!

Si nosotros sacerdotes celebrásemos la Santa Misa como la debiéramos celebrar, el mundo no sería lo que es; Satanás no tendría la fuerza que tiene, y muchas más almas se salvarían.

El tormento del Sacerdote que se condena será muy diferente del tormento de los otros condenados; solo hallará comparación con la desesperación de Judas que habría podido ser, uniendo y fundiendo sus dones naturales con los sobrenaturales, un grandísimo apóstol.

... Sacerdotes que celebráis la Santa Misa sacrílegamente, coméis y bebéis diariamente vuestra condenación.

No aplacéis de hoy para mañana vuestra conversión. No esperéis... Mañana podría ser demasiado tarde.

Un gran acto de humildad, lo que Judas siempre se negó a hacer, una ardiente invocación a la Virgen Santísima, refugio de los pecadores, transformará vuestra existencia y cambiará vuestro destino eterno.

Hermanos en el Sacerdocio, ¿no habéis meditado jamás el sueño, la visión de San Juan Bosco "las dos columnas"? Leedla, os daréis cuenta que nosotros estamos viviendo de lleno la profecía; la última parte de la visión predice los tiempos que seguirán a los actuales acontecimientos.

Estos tiempos se acercan; debemos prepararnos en la oración y en la penitencia.
No seamos escépticos e incrédulos; ¡creamos y nos será dado ver y entender! ¡No dejéis caer en el vacío los impulsos de la gracia que llaman la puerta de vuestro corazón!

El Corazón Misericordioso de Jesús, el Corazón Inmaculado de María nos salven y nos bendigan.

(Confidencias de Jesús a un Sacerdote – P. Ottavio Michelini)


Tiempo de prueba.



Ser santos


Un error muy extendido en los hombres de este tiempo es creer que la vida sobre la tierra es la única vida que existe y que hay que aprovecharla y disfrutarla al máximo porque luego viene la muerte y todo se termina.

¡No! No es que todo se termina con la muerte, sino que todo comienza, porque después de la muerte viene el premio o castigo merecido por las obras y el modo de vivir que tuvimos en la tierra.

Entonces hay que tener bien en claro que este tiempo de vida sobre la tierra no es para que lo pasemos despreocupadamente sino para que lo aprovechemos bien para ser santos, para hacer buenas obras y vivir de acuerdo al Evangelio, así evitaremos el Infierno y alcanzaremos el Cielo.

Hoy, con el materialismo y el progreso moderno, que nos quiere hacer creer que la felicidad está en el tener más, y en disfrutar de las nuevas tecnologías, y que nos hace descuidar la oración, es un gran engaño de Satanás, que sabe cómo son las cosas y que no deja nada por intentar con tal de arrastrar el mayor número de almas al Infierno.

Si queremos ser santos, no descuidemos la oración, porque sin oración no hay santidad posible. Es más, sin oración no hay salvación posible. 

Recordemos entonces que esta vida terrena es tiempo de prueba, donde el demonio nos pone duramente a prueba, especialmente a los que le hacemos frente y tratamos de vivir nuestro cristianismo y vivir en gracia de Dios. De esta prueba dependerá nuestra eternidad. Entonces seamos inteligentes y prudentes y utilicemos esta vida para ganar la otra y no para perderla.
 



jueves, 3 de agosto de 2017

Pocos confían.



Mensaje de confianza

Pocos cristianos, incluso entre los más fervorosos, poseen esta confianza que excluye toda ansiedad y toda hesitación.

(De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent)

Comentario:

Si sabemos que Dios lo puede todo, ya que eso es lo que rezamos en el Credo: “Creo en Dios, Padre Todopoderoso”, ¿por qué entonces andamos tan angustiados por las cosas que nos pasan y les suceden a nuestros familiares y amigos? ¿Acaso Dios no sabe de esas cosas? ¿Acaso Dios no ve? El Señor solo pide nuestra fe y confianza para actuar, porque ahora como en tiempos de Jesús, el Señor pide y exige nuestra confianza para obrar el milagro.

En cambio, nosotros andamos muy desconfiados de Dios, pensando en nuestro interior: “Dios no me puede conceder esto”. ¿Qué es lo que Dios no puede hacer o conceder? Absolutamente todo lo puede Dios, entonces confiemos en Él, porque nuestra fe y confianza deja mucho que desear.

Hay una frase del Padre Pío de Pietrelcina que dice una gran verdad: “Reza, ten fe y no te preocupes” Esa fe, esa confianza que debemos tener en Dios nos debe hacer vivir en completa paz, sabiendo que Dios ve todo y tiene todo bajo control, y lo que permite siempre es para un bien.

En lo que toca a nosotros debemos rezar mucho y con plena confianza en Dios, sabiendo que Él hará lo mejor.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La oración.



La oración nos protege de todos los males y nos obtiene de Dios innumerables gracias y bendiciones, por eso nunca debemos dejar de rezar. Aunque no podamos rezar mucho, por lo menos tenemos que rezar todos los días las Tres Avemarías que son prenda de salvación eterna.

Con la oración se vencen las tentaciones del Maligno y se pasa al contraataque. Con la oración dominamos nuestras pasiones y obtenemos paz en la mente y el alma, paz para nuestra familia y para el mundo entero.

La oración tiene en el bien un poder inmenso. Ya dice San Alfonso María de Ligorio que el que reza se salva, y el que no reza se condena. Y esto es la pura verdad. Si queremos salvarnos del Infierno eterno, es necesario que oremos mucho, todos los días. Debemos ser perseverantes en la oración, aunque haya días en que no sintamos ninguna devoción ni ningún atractivo por la oración, igual tenemos que rezar. Es más, es justo en esos momentos en que necesitamos rezar más, tomando el ejemplo de Jesús, que en los momentos de mayor tentación oraba con más intensidad.

Dios ve el futuro de todas sus criaturas, ve nuestro futuro y ha preparado gracias para socorrernos en todos los acontecimientos que nos sucedan en esta vida. Pero ha condicionado el darnos estas gracias, a que nosotros se las pidamos a través de la oración. Por eso si no rezamos, perderemos muchísimos auxilios divinos y arriesgaremos nuestra salvación eterna. Pensemos en Jesús y en María, que pasaban muchas horas en oración, ¡y ellos eran los que menos las necesitaban, pues Uno era Dios, y la Otra, la Madre de Dios! Sin embargo pidieron incesantemente todo a Dios a través de la oración. ¿Y nosotros queremos ser superiores a ellos? No nos dejemos engañar por Satanás y recemos mucho todos los días.

¡Ave María purísima!
¡Sin pecado concebida!

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